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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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domingo, 14 de septiembre de 2014

A la española

Compruebo con estupor como en el yunaitid quindom, mister Cameron (Ojo, Cá me ron, esdrújula, no Camerón, de la isla, como malvadamente alguien le ha puesto) se ha hecho caquita en los pantalones, ante la perspectiva de que los escoceses partidarios del si a la independencia, ganen y le den en los morrillos, tras el referéndum convocado por él mismo para el próximo 18 de septiembre del corriente.

Se las prometía muy felices el bueno del ferst minister. Estaba seguro de que Escocia votaría que no a la independencia, y él ganaría, acabaría de una vez por todas con el independentismo escocés, apartaría el problema de la secesión otros trescientos años. No estaba mal pensado en un principio. Se le mandó un mensaje claro y alto al pueblo escocés, se permitió hacer dos simples preguntas, ¿si o no, a la independencia?, y se dijo entonces que la victoria del no, no acarrearía prebendas a los escoceses por haberse quedado dentro de la unión. Como por otra parte parece lógico que sea así.

Pero ahora el búmerang se vuelve contra el primer ministro, descontrolado, a toda hostia, "fiuuuuuu", con peligro evidente de pérdida total, o parcial, de los piños de la boca. Las encuestas, por primera vez, dicen que los partidarios del si, pueden ser mayoría. "¡Horror! ¿Qué hacer?", se pregunta mister Cameron mientras se toma un té con una nube de leche, a eso de las cinco, en el  tenz de daunin estrit.

Me da en la nariz que el bueno de don David ha llamado a España, a la Moncloa, ha hablado con don Rajoy, y ha tomado buena nota de lo que se hace aquí con respecto a los nacionalismos periféricos, vasco y catalán, a tenor de las promesas que ha hecho a los escoceses si votan que no en el referéndum del día 18. Ceder, dar contrapartidas, competencias, en educación, en sanidad, en lo que sea, tapabocas, para ver si se callan, si cesa momentáneamente la demanda. Pero esta no cesa, no cesa nunca, porque no puede cesar nunca. Los nacionalistas nunca se sacian, ni aquí, ni en Escocia, ni en Palacagüina. Imagino que el resto de ciudadanos del Reino Unido estarán tomando buena nota, como hicieron aquí los del resto del imperio durante la Transición. Café para todos, habemus.

A mi se me ha caído un mito. Con lo que yo he admirado siempre la determinación de los británicos para todo. Lo mismo combaten a un dictatorzuelo de tres al cuarto, rompehuevos, bravucón, enano, y asesino compulsivo, léase Hitler, léase Napoleón, que se ponen hasta el culo, hasta la extenuación, de sangría, paella y sol de España, acabando ingresados, fruto de ello, en el puesto de urgencias más cercano. Ya ni el jamón serrano sabe a jamón serrano, ni los británicos actúan como británicos.

Ya imagino a los del Partido Nacional Escocés frotándose las manos, con los negocietes que van a hacer a cuenta de la enseñanza en gaélico en las escuelas, por ejemplo. Y todo lo que tener una lengua vernácula, que solo hablan cuatro follacabras, conlleva. La elevación de esa lengua a vehicular, imponiéndola en indicadorescallejeros, en rótulos comerciales, en la escuela. No es moco de pavo, háganme caso.

Los nacionalistas escoceses también han llamado a España para enterarse de como va el asunto este del pedigüeñismo periférico. Y les ha debido gustar lo que han oído. Menos más que Andorra a ellos les queda lejos.

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