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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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jueves, 4 de septiembre de 2014

Badminton.

¿Badminton? ¿Y qué coño es el badminton? Ni idea que hubiera un deporte con ese nombre, hasta que me enteré que el pasado fin de semana, de que una chiquita de Huelva, Carolina Marín, ha resultado ser la nueva campeona del mundo.

A partir de ahí, toda la España "sillonbolera" empieza a hablar del tema. Todo el mundo vio el partido. Nadie se lo perdió. Todo el mundo comenta la pureza, la fuerza, el empaque de esta niña jugando a Badminton. Todo el mundo vio como nuestra joven compatriota saboreaba las mieles del triunfo. Además, todo el mundo comenta las fases del partido, como si no hubieran hecho otra cosa en la vida que ver partidos de badminton.

Esto me trae a la memoria los comienzos de Fernando Alonso en el mundo del pilotaje. El personal, antes de que irrumpiera el asturiano en la élite del volante, sabía que Ferrari era una marca de coche caro, que conducía aquel pollo que salía en "Corrupción en Miami", Sony Crockett (Don Jonhson), y que Fitipaldi debía ser un as a juzgar por el número de trillaos que recorrían las carreteras patrias con su coche a todo trapo, circunstancia que les hacía merecedores de que los apodaran "Fiti", o "Fitipaldi"(Nada que ver con el grupo de música). Poco más se sabía del asunto de la Fórmula 1. Pero chico, fue empezar a ganar Alonso, y todo el mundo se hizo experto del tema. Te hablaban de neumáticos para seco, y neumáticos para mojado, con una naturalidad pasmosa, y cada tipo que te sacaba el tema, era un auténtico experto en ingeniería mecánica. Cuando daban una carrera de Fórmula 1 por la tele, el país se paralizaba, y si la carrera la daban a las cinco de la madrugada, por correrse en Malasya, ya saben, el cambio horario, la gente se pegaba el madrugón padre, en familia, para "disfrutar" del evento todos juntos, y enorgullecerse de Fernando, y botar al ritmo de los acelerones del Renault azul que Fernando conducía entonces. Luego, a la hora del aperitivo, te los veías aparecer por el bar de la esquina, con una cara de muertos de sueños de túmbate y no te menees, contándote la hazaña, para acabar preguntándote si tu no te habías levantado a las cuatro de la madrugada para ver a Fernando, y si les decías que no, que para nada, te miraban como un bicho raro, como si fueras gilipollas, como a un mal español, que no hacía el esfuerzo por su país de levantarse un domingo, a las cuatro de la madrugada para ver una carrera de coches, para ver como Fernando se comía a sus más directos competidores, como la enseña rojigualda subía a lo más alto, poníendoseles a todos la piel de gallina. A todos los que no se hubieran quedado dormidos, claro.

Ahora Alonso no gana ni corriendo sólo. La Fórmula 1 ya no es tema de conversación en bares y peluquerías. Nadie se levanta un domingo de madrugada para ver el Gran Premio de Malasya y tragarse el bodrio de una carrera de coches de madrugada. Ya nadie te da la matraca hablando de carreras de coches, ni de neumáticos para mojado o para seco. Sencillamente, la Fórmula 1 ya no interesa. Ya no ganamos, ¿saben?.

Todo esto también me trae a la memoria aquel esquiador de fondo alemán, nacionalizado español, cómo se llamaba, "Juanito" Muellegh, o Muller, no recuerdo. Todo el mundo estaba tan orgulloso de él. "Nuestro Juanito" le llamaba la prensa. Lo pillaron dopándose, creo, y le quitaron todas las medallas que había ganado bajo pabellón español, y automáticamente dejó de ser Juanito, para volver a llamarlo Hans o Johan, o como carajo sea Juanito en alemán. Jamás se volvió a saber de él. Cayó en el más absoluto ostracismo. En aquella época, recuerdo que a Paco Fernández Ochoa (q e p d) campeón olímpico en Sapporo 72, le dio por criticar el que cogieran a un señor de Alemania y lo hicieran español, solo para que ganara medallas bajo nuestros colores, en vez de fomentar el esquí en España, entre la gente joven, invertir para sacar campeones aquí, algo coherente y lleno de sentido, le cayó la del pulpo, le dieron palos y críticas por todos los lados. Cuando tenía toda la razón del mundo.

Y es que, lo nuestro con el deporte de banderola y de minorías, nuestra "sillonbolería" es ya un clásico. Hemos tenido siempre la moral tan baja, hemos estado siempre tan encabronados, nuestro orgullo patrio ha estado siempre tan por los suelos, que nos lo han tenido que subir cuatro deportistas a base de gestas individuales y solitarias, sin ayuda, sin apoyo económico alguno, compitiendo contra los recortes  de los políticos, y contra sus rivales deportivos. Y el caso es que, con esfuerzo todo llega, y a pesar de las circunstancias, llegan a veces a lo más alto del podio, y entonces los políticos, los mismos que les han negado el pan y la sal, y las becas, por recortes presupuestarios mayormente, corren que se las pelan a ver si se pueden colar en la foto del campeón, porque lo importante de todo esto, lo más importante para un político, es la foto, esa es su medalla de oro y la antesala de su meta.

Esta chiquita onubense, Carolina Marín, flamante campeona del mundo de badminton, es, será un claro ejemplo de lo que digo. Tendrá que emigrar si quiere ser algo, si quiere vivir dignamente del badminton. Le darán en el extranjero lo que aquí le negarán. Seguirá ganando, y mientras lo haga, tendrá cierta fama en los medios. Luego, empezará a caer. Entonces le lloverán palos de todos lados. Subir gente a los altares, para luego despeñarlos, es la ocupación favorita de los españoles. Pero mientras esté arriba y gane, no le faltará a su lado el político oportunista de turno que se pondrá en el pecho su medalla, cuando la realidad nos dice que la mayoría de los que llegan arriba en España, en cualquier deporte, lo hacen a base de sacrificio personal, de ellos y de sus padres. Miren sino el ejemplo de la nadadora Mireia Belmonte. Una campeona que ha tenido que emigrar, por eso que les comento, y que ha llegado a donde ha llegado gracias, fundamentalmente a ella misma, e imagino que a sus padres, a su entorno, a sus entrenadores. Nada de programas gubernamentales destinados al deporte. Nada de preparación básica. Nada de planes establecidos de ayuda y fomento del deporte. Nada.

De todos modos, aunque no entienda nada de Badminton, Felicidades Carolina, campeona.

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