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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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viernes, 12 de septiembre de 2014

La OCDE, ¡qué hachas!

Salgo de casa. Voy por la calle, caminando, mirando, ora al suelo, donde cacas de perro y baldosas sueltas esperan al primer despiste para desgraciarte, ora al cielo, donde ramas desgajadas de árboles enfermos por la contaminación y la pertinaz sequía, hacen otro tanto de lo mismo. Bajo al suburbano, al metro. Logro sentarme; a esa hora, los vagones, todavía no van llenos del todo. Alguien ha dejado un periódico del día en el asiento de al lado. Hace años que no leo un periódico del día, por diversas razones, a saber; cuestan un euro y pico, capital que no tengo; y con escuchar las tertulias radiotelevisivas, ya sabes lo que van a comentar los diarios, pues los columnistas de estos, son los tertulianos de aquellas. A estas alturas de la película ya vas sabiendo de que pie cojea cada uno, en fin.

La portada del periódico me echa para atrás, no me extraña que el que lo ha comprado lo haya dejado allí, tirado en un asiento de metro a medio leer, maniobra que no concibo, lo de dejar el periódico tirado en un vagón de metro a medio leer, me refiero. Con esto de la crisis, el papel de periódico, como sabían nuestros padres y abuelos muy bien, puede tener varios usos; envolver un bocata de chorizo, de jureles o de tortilla; limpiarse el culo después de ir al servicio, y otras más que no me vienen a la mente ahora mismo. Esto lo digo, porque, visto lo visto, como vamos yendo para atrás en otros asuntos y costumbres, felizmente recuperados, como el tabaco de liar o el trabajo esclavo, esta, puede ser otra costumbre recuperable desde lo más profundo de nuestra memoria cultural popular.

El  caso es que la portada dice que la OCDE recomienda a España apretar un poquito más a los parados, a los jubilados y a los pobres en general. Para compensar, también recomienda empezar a meter mano a los que tienen dinero en las SICAVs, o por mejor decir, a los ciudadanos de clase alta que teniendo parné, lo tengan todavía aquí en el imperio y no lo hayan llevado  a algún paraíso del Caribe, con sus palmeras, con sus playas de arena blanca, con sus bancos, y sus inexistentes impuestos.

También recomienda la OCDE que no suban mucho los salarios, por lo de la competitividad. No dice nada de las retribuciones a directivos, o a accionistas. Sólo se refiere a los salarios.

Ahora entiendo porque el anterior propietario, ex lector del periódico, ha dejado este tirado, a medio leer. La gente empieza a estar aburrida de escuchar siempre las mismas recomendaciones, las mismas gilipolleces. No me extraña que empiece a hacer caso a quien les da otras, pongan ustedes por caso, a las que les da Podemos, por ejemplo.

Me apeo. Las escaleras mecánicas de bajada, menos mal que yo subo, están averiadas y se ve al personal bajar resignado. Resignado de volver a la realidad cotidiana. Septiembre es un mes chungo, jodido. Salgo a la superficie. Veo el espectáculo diario de mendigos, manteros, pedigüeños y buscavidas en general que pueblan la ciudad. Una ciudad cada vez más sucia, más degradada, donde sobrevivir, cada día, empieza a ser una epopeya para algunos.

Unos hachas los de la OCDE. Si señor.

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