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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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martes, 9 de septiembre de 2014

Machismo sociológico.





Salgo de casa. Hace calor, demasiado para ser septiembre. Entro en el bar de Polito. Un horno. Polito, no es partidario del aire acondicionado, además, con la poca clientela que tiene tampoco se lo puede permitir. Es el bar más guarro del mundo, con sus cristales empañados de polvo, su suelo lleno de servilletas de papel usadas y de los restos de los aperitivos que Polito, generoso, tiene a bien obsequiar a su escasa clientela. La falta de aire es sustituida por unos ventiladores del año de la pana, que mueven el aire caliente del local, de acá para allá. Entro, me pido una caña, Polito, solícito él ,me la pone, con su frente perpetuamente sudorosa, su paño de cocina lleno de mierda al hombro, y su palillo en los dientes. Se empeña, siempre lo hace, en ponerme un plato de anchoas con aceitunas. Yo le digo, siempre lo hago, que no quiero aperitivo, que luego no como. Él se hace el ofendido. Al final cedo. Total, con no comérmelos. Las anchoas de Polito son especiales. Estas, seguramente lleven aquí desde la última glaciación, como las aceitunas.

Me siento en uno de los veladores con mi caña y mi plato de anchoas. He cogido un periódico atrasado del montón que tiene políto junto a las cajas de botellines que hay camino del servicio. Escojo un Mundo de hace una semana. Me gusta leer la prensa atrasada. Nunca leo un periódico del día. En un periódico atrasado puedes coger, por ejemplo, a lo políticos en algún renuncio. Por ejemplo; el ministro Tal, hoy dice blanco. Si lees la noticia en un periódico del día, te tragarás como un pardillo que lo que dice el señor ministro, esto es; blanco, es tan verdad como la vida misma. Pero si lo lees cinco o seis días después, sabrás que ha mentido, o no, quién sabe. Así me dispongo a pasar una mañana perfecta; leyendo prensa atrasada en el bar de Polito, ¡qué más se puede pedir!.

Una noticia me llama la atención. Un tipo, espiquer del Bilbao Basket, es despedido por la organicización de la Copa del Mundo de baloncesto, por unos comentarios machistas sobre las chirliders, las chicas, bailarinas ligeras de ropa que amenizan los descansos de los partidos de baloncesto. Al parecer las chicas salieron a bailar al ritmo de la última canción de Enrique Iglesias, "Bailar contigo". Hay un momento en que el estribillo dice, "quiero, bailar contigo (...) pasar contigo, una noche loca". El espiquer, se ve que se emocionó el hombre y dijo por el altavoz "Quién no querría pasar una noche loca con las chirliders", con tan mala suerte que esta frase fue cogida por la prensa políticamente correcta de este país, que al día siguiente puso a este señor a caer de un burro, tachándolo de machista.

"Machista". Hmmmm. Reflexiono, o al menos lo intento, mientras las moscas, omnipresentes en el bar de Polito, no dejan de intentar posarse en mi incipiente calva. Resulta que este buen señor es machista, por unos comentarios, a voz en grito, desde su cabina de espiquer, sobre las chicas que estaban bailando sobre la pista, con sus pompones, su faldita, su camisita y su canesú. En concreto hay una periodista que escribe en un diario de tirada nacional, que ha sido la que más se ha ensañado con el pobre espiquer, que no sabe el pobrecillo donde meterse y que ya ha pedido perdón públicamente.

Le pido otra caña a Polito. Esta vez me obsequia con un platito de croquetas, marca de la casa, pringosas, aceitosas y rancias. A esta hora, la una de la mediodía, el estómago empieza a pedir algo sólido. Pruebo a ver como están las croquetas. Asquerosas, pero comestibles. Me atrevo incluso con las anchoas, que todavía andan por aquí. Asquerosas y tremendamente saladas. Ningún mal sabor que no pueda borrar un buen trago de cerveza fría. Bebo y sigo relexionando.

Vamos hacia la sociedad igualitaria. Hombres, mujeres, todos iguales. Iguales derechos, iguales sueldos iguales deberes. Todos iguales. También iguales gustos. Me pregunto que hubiera pasado si en vez de haber un espiquer hombre animando el partido en Bilbao, hubiera habido una mujer, y esta en un momento dado hubiera hecho algún comentario sobre la tableta de chocolate, u otros músculos superiores o inferiores, de algún miembro del equipo de baloncesto de Estados Unidos, por poner un ejemplo. ¿Se hubiera montado una similar? Me temo que no. Igualdad, si señor. Tenemos derecho a ser iguales. Todo el derecho.

Me entran una serie de retortijones en el estómago. Salgo a toda hostia para el servicio de caballeros, el cual, compruebo, para mi tranquilidad, que está tan sucio y maloliente como siempre. Una masa líquida y marrón sale de mi cuerpo, sin duda fruto de las anchoas y las croquetas con las que Polito tan generosamente me ha agasajado. A la hora de asearme, compruebo con estupor que no hay papel higiénico, así que me las ingenio como buenamente puedo para la acción de aseo y limpieza del ojete. Salgo e informo a Polito de la falta de papel higiénico en la toilete. No me hace ni caso.

Salgo a la calle. El sol aprieta. Compruebo la pronta llegada de la época otoñal a juzgar por las hojas secas caídas sobre la acera. Estimo que es demasiado pronto para la caída de la hoja, y llego a la conclusión que las hojas del suelo no están ahí por la acción del otoño, sino por la del verano. Como nadie riega a los pobres arbolitos, estos se secan, con las consecuencias ya sabidas. Caídas de hojas secas, incluso, caída de ramas enteras, con el peligro que ello conlleva.

Vuelvo a la reflexión anterior a mi salida en desandada hacia el baño, por llamarlo de alguna manera, del bar de Polito, y a mi expulsión vía anal de los alimentos allí consumidos. Me viene a la memoria algo ocurrido hace dos días por la mañana. Iba yo hacia al trabajo, delante mía, unos veinte metros,  iba una chica, de buen ver, al menos desde la perspectiva trasera. Llevaba unos pantaloncitos cortos vaqueros, de esos tan de moda ahora, que no dejaban entrever sus gluteos, no, los enseñan claramente. La chica, primero, y yo, despues, pasamos delante de una obra, en la hora en la que los obreros estaban en el descanso del bocadillo. Uno de ellos se levanta y voz en grito, empieza a dar voces a la chica y a decirle noseque de meterle algo por sálvese la parte, y de jugar con ella a noseque de médicos. Me asusté al principio, lo reconozco, porque pensé que tales burradas eran dirigidas a mi. Descarté pronto esa opción, para mi tranquilidad, cuando la chica levantó la mano izquierda dirigida hacia su improvisado público, con el dedo corazón extendido hacia arriba.

Imagino que las burradas que le soltó el berraco de la obra a la chica, serán calificadas de machistas. ¿Pero y cuando es al revés?. Veo un grupo de mujeres, enloquecidas, de despedida de soltera en un reality documental en televisión. Llevan todas un enorme pene de goma en la cabeza a modo de diadema. Estan en una sala viendo un estriptis masculino. Las burradas que sueltan se asemejan a las soltadas por el berraco de la obra. Entonces...

Me temo lo peor. A alguien, algún día, se le ocurrirá la feliz idea de crear una especie de policía que vigile estas cosas. Entonces al espiquer de Bilbao se le caerá el pelo por haber hecho un comentario chorra, para nada malintencinado, pero considerado por el estabilisment gobernante como políticamente incorrecto y contrario a las leyes igualitarias que se nos vienen encima. O al berraco de la obra. A ese igual se la cortan.

Me entra el yuyu por el cuerpo.

Lo que nos faltaba.

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