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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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domingo, 19 de octubre de 2014

Lo malo y lo peor.

Sadam Husseín era malo; un dictador terrible y sanguinario. También lo era Gadaffi. El tunecino Ben Alí, no se les quedaba a la zaga. Ni Hosni Mubarak. Ni Assad, de Siria. Todos eran malos, malotes de la muerte. Los chicos malos del barrio. Sostenidos, unos por los Estados Unidos, otros por la antigua Unión Soviética. Las "primaveras" árabes, y las guerras han acabado con la mayoría de ellos.

Hubo una época en que en Iraq había cierto respeto por las minorías étnico-religiosas. Había cierta libertad de movimientos, la mujer tenía cierta libertad, incluso hubo cierta prosperidad económica. Pero  cuando se habla de un dictador, no podemos hablar de que hubo pleno de nada, sólo podemos decir que hubo cierto algo. Lo que pasa es que tras su caída, el país es todavía menos libre, a las minorías étnico-religiosas, directamente se las mata, la mujer ha vuelto a la Edad Media y ya no hay cierto nivel de nada, ni de libertad, ni prosperidad económica ni nada. Antes, con Sadam, había cierto, ahora no hay nada. Cero.

Algo  parecido podíamos decir de Libia. No tanto de Egipto  y Túnez.

Túnez fue considerada durante mucho tiempo una rara avis en el mundo árabe. Un país que combinaba una constitución con ciertas garantías de libertad, con un islam tolerante y moderado. Túnez era presentado como un modelo para los demás países de mayoría musulmana. Bien. Eso ya no es posible. Tras la primavera revolucionaria que acabó con Ben Alí, Túnez ha retrocedido en lo que se refiere a garantías democráticas. El derecho religioso se abre paso día a día. La ley empieza a ser la que brota del Corán.

Las cosas en el mundo, en el mundo por desarrollar, no son como en Occidente pensamos que son. Nuestra escala de valores no vale para ellos. Nuestro concepto de revolución política tampoco. Me parece que hemos entrado, fumando, en un pajar, y hemos provocado un incendio de proporciones aún por descubrir. El integrismo, el anti occidentalismo se extienden por el mundo árabe y musulmán, y nosotros sin enterarnos.

Imagino que no nos sorprenderemos cuando nos salpiquen las lágrimas, el sudor y la sangre.

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