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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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domingo, 9 de noviembre de 2014

"Nos sentimos engañados y estafados"



"Nos sentimos engañados y estafados", decía alguien frente al ayuntamiento de Pinto en días pasados. Se refería, lógicamente a la corrupción, la de su alcalde, el actual y el anterior, los cuales han salido ranas, y de paso, se han visto implicados en temas de cobro de comisiones ilegales, mordidas, un poco de allí, otro de acá... Otro ciudadano indignado, frente al mismo ayuntamiento, en la misma plaza, era abordado por un periodista, "pero ustedes votaron por mayoría absoluta a este alcalde, y al anterior", "si, si, eso es verdad", reconocía el buen hombre, "en las últimas elecciones municipales, muchos de los interventores en las mesas electorales, en el pueblo, por el partido gobernante, era gente enchufada en el ayuntamiento"... 

"Nos sentimos engañados y estafados". Hace años veíamos con cierto orgullo como se levantaban edificios públicos, bibliotecas, pabellones deportivos, auditorios, palacios de congresos, recintos destinados a exposiciones universales,  a diestro y siniestro, por toda la geografía nacional, veíamos a nuestros gobernantes, con su casco blanco e impoluto puesto, inaugurando tramos de autovía, o bibliotecas que nunca tendrían un solo y miserable libro que llevarse a la estantería, o estaciones de AVE, o túneles, o tramos de metro, lo veíamos y aplaudíamos, y no preguntábamos de donde salía todo ese parné. Si, de nuestros bolsillos. Pero eso era lo de menos, mientras más obras inauguraban, mientras más les veíamos portar el casco blanco, más les votábamos. Obras, cuyo presupuesto final resultaba doblado, sobrecosteado, convenientemente.

"Nos sentimos engañados y estafados". El que alquilaba era un tonto que estaba tirando el dinero. Había que comprar, al precio que fuera, incluso empeñando a los papás en la hipoteca, como avalistas, porque por un hijo, ¿qué es lo que no se hace por un hijo?, había que comprar, no fuera a ser que lo que hoy valía 10, mañana pasara a costar 20. Daba igual por el número de años que nos empeñáramos, treinta, cuarenta, cincuenta, les dejaríamos a nuestros hijos un piso hipotecado. Los políticos vieron el tema como una oportunidad única de llenarse los bolsillos, en connivencia con los bancos y con las constructoras y promotoras. Había que recalificar, metros y más metros cuadrados de suelo rústico, en medio de auténticos secarrales, daba igual, Juan Español quería comprar, quería  ser estafado. El resto de la historia ya la saben. Para que contarles más. Ese dinero que tanto nos indigna hoy, ese que está en Suiza, ese, viene de aquella época de desenfreno inmobiliario, en la que a crédito hicieron posibles nuestros sueños de ladrillo.

"Nos sentimos engañados y estafados". Durante años, les hemos visto medrar. Sindicalistas que no eran sindicalistas, políticos que no eran políticos. Gentes de la peor calaña que solo estaban en la cosa pública para enriquecerse. Me pregunto dónde estarán los corruptores. Porque vemos pasar por los juzgados a los corrompidos, pero a los que pagaban las mordidas, a esos no. Vemos a un ex ministro que fue a la cárcel hará cosa de dos meses, salir de esa misma cárcel por la puerta falsa, ya le han dado el tercer grado. Increíble. Somos el hazmerreir de Europa, cuando no la vergüenza. Nuestro modelo de empresario es ese medrador, oligarca, hinchado de dinero hasta no poder con el, untador de políticos que convenientemente hacen lo que ellos dicen, y lo que es peor, nunca responden por el grave delito de corromper políticos deseosos de ser corrompidos, por corromper una democracia que al ser corrompida deja de ser tal, y en definitiva, por corromper todo lo que tocan.

Nos sentimos engañados, estafados, aturdidos, sorprendidos. Fuimos nosotros los que los votábamos, y en el fondo algo de todo esto intuíamos. En el fondo lo sabíamos, lo intuíamos, nos lo olíamos, aunque ahora nos sintamos engañados, estafados, incluso sorprendidos. Lo sabíamos, porque a pesar de todo los votábamos, porque en definitiva, ¿quién se atrevía a tirar la primera piedra en Jauja?

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