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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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miércoles, 17 de diciembre de 2014

La austeridad y la prédica con el ejemplo.


El otro día, en la reunión de amondongados con cara de empate a cero, de la que salió la sin par medida de auxiliar con la asombrosa cantidad de 400 euros a: parados de larga duración, que lleven más de un año en esa situación, que tengan cargas familiares, y que no tengan ningún ingreso, me di cuenta de que la prédica con el ejemplo no es lo acostumbrado entre nuestros egregios. La simpar medida dada a luz por la "lumbrería hispánica", con la presencia en ella de sindicatos, gobierno, y organizaciones empresariales, con esas condiciones, irá destinada, mas menos, a unas cuatrocientas mil personas, esto es, menos del uno por ciento de la población de las Españas, un cero coma, vamos. Eso si, se vendió como si fuera destinada a un cincuenta por ciento, por los medios de manipulación habituales. Un éxito más de nuestro sin par gobierno. Aleluya.

Dense cuenta de que la austeridad es la máxima, predicada por doña Merkel, y por don Rajoy, su profeta en estas tierras. Parece que no, pero cuatrocientos euros dan para mucho más de lo que se piensa. Haga cálculos. Eso si, nos prometen una futura recuperación para el próximo año de nuestro Señor de 2015. ¿Les parece poco?

Para nada se habla de predicar con el ejemplo. Por ejemplo, se habla mucho, de que la prestación por desempleo dure poco, y que las ayudas pos prestación, duren menos, y sean menos cuantiosas, menos si usted es político. Ahí ya la cosa cambia. Entonces tiene usted a su alcance todo un mundo de prestaciones, puertas giratorias, prebendas y ventajas, que el común de los mortales no tiene. Dese cuenta, amigo ciudadano sufriente, que sus prestaciones, deben durar poco, y ser una birria, para que no se acomode, sea usted productivo, se dedique a la búsqueda denodada de empleo, aunque no haya empleo para usted, eso da igual. Pero si es usted político, ha cumplido usted de sobra con la sociedad, y sus pocos o muchos años dedicados a la poltrona, deben ser recompensados, y compensados, como es debido, con una cuantiosa prestación por desempleo. Dese usted cuenta que legislar, engendrar leyes que limiten el apoyo social a los parados, no está pagado, no tiene precio. Ah, y olvídese de predicar con el ejemplo, eso lo dejamos para los países serios. Aquí somos latinos, mediterráneos, hombres de pelo en pecho, que nos gusta la sangría, el sol, y la corrupción.

Idem de ídem, con las pensiones. Usted, si tiene la mala suerte de no haber nacido entre los escogidos miembros de la élite social destinados a llevar las riendas de la patria, tendrá que acoquinar treinta y cinco años a la seguridad social, si quiere usted una pensión como Dios manda. Y por supuesto jubilarse a los sesenta y siete años, de momento. Ellos no. Ellos, los mismos que alargan su edad para jubilarse, los mismos que acortan la cuantía de su pensión, se pasan por el forro esas mismas leyes, para ellos no existen. Ya ven.

Así que nada. Nada de predicar con el ejemplo. Viva la austeridad, el agujero en el cinturón ajeno, el machacamiento de los pobres de solemnidad, la aporofobia y el mirar para otro lado.

Viva.


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