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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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miércoles, 28 de enero de 2015

Martes, 27 de enero de 2015...

Hora de comer. Pollo al horno, con papas, con pimientos, con cebollitas, con salsa de tomate casera. Música ambiental; los informativos, los de la 1, los de Antena 3, los de Tele 5, los de la 6, los de Telemadrid. Aquí me canso. Aquí me quedo. El zapping también cansa lo suyo.

Se tratan varias noticias: Nevada descomunal en EE.UU; accidente aéreo en Albacete, avión de la OTAN, muertos, heridos; elecciones anticipadas en Andalucía, Bárcenas, 70 aniversario de la liberación de Auschwitz por parte de las tropas del ejército soviético. Aquí me quedo. Se trata la noticia, en un principio, como la tratan todas las televisiones del mundo mundial; imágenes de un acto en el campo de concentración, con autoridades, con los supervivientes de la masacre, ya muy mayores, poniendo coronas de flores, en memoria de los allí asesinados. Hasta ahí bien, pero, yo, soy un mono parlante, monopensante, zampabollos, y necesito mi ración diaria de manipulación y tergiversación de la historia, no me conformo con que el ejército rojo, los comunistas, salgan bien parados en esta historia, salgan como los liberadores de la mayor maquinaria de matar gente de la historia, así que, gentilmente, Telemadrid me ofrece otra versión, la suya, la que a ninguna cadena televisiva en el mundo se le hubiera ocurrido. Así, después de las imágenes de los supervivientes honrando a los allí asesinados, sigue un reportaje de unos minutos de duración, donde me sirven mi ración diaria de mala leche, de manipulación, de tergiversación, de trinchera, de propaganda.

Me dicen en el reportaje que los rojos liberaron Auschwitz, si, pero que eran malos, muy malos, más incluso que los nazis. Me dicen que incluso los nazis, antes de la guerra, fueron a Rusia a los gulags siberianos, a aprender las técnicas que los rusos aplicaban a sus disidentes allí metidos, y que claro, que después, pasó lo que pasó. Me cuentan, para que mi mente simple y sencilla sepa la verdadera historia, que los rusos pactaron con Hitler, y que entregaron a este, a comunistas alemanes asilados allí, que nadie vaya a creer lo que no es. Los rojos son malos, muy malos, más de lo que la gente cree, y si liberaron Auschwitz fue, principalmente porque les caía de camino, y por propaganda, mayormente.

Satisfecho con la comida, el pollo estaba de puta madre, y con la alimentación política recibida en tan escueto y educativo reportaje, no solo de pollo con patatas vive el hombre, procedo a encenderme un cigarro y a tirarme tres pedos. Bajo al bar de Pepe, redondeo con un carajillo de ron y dos copas de coñac. Allí alecciono a la parroquia. Vomito la información recibida minutos antes en Telemadrid. Algún parroquiano, sin duda rojeras y televidente de la Sexta y la Cuatro me interrumpe y contradice. Hago mías alguna frase aprendida en horas y horas de atención directa a tertulias radiotelevisivas. "No estoy de acuerdo con usted, pero daría mi vida por defender sus ideas", o aquella de "eso es así, lo diga Agamenón  o su porquero".

Un consejo a las clarividentes mentes del PP. Las elecciones las pierde quien toma a sus votantes por gilipollas, y además lo da a entender.

De todos modos, para aprovechar hasta un acto como la conmemoración de la liberación de Auschwitz, hay que estar muy mal, o tener ya muy poquitos argumentos.

miércoles, 21 de enero de 2015

Los contadores de roscones y los brotes verdes.

El FMI ha hablado. Nos otorgan cifras de crecimiento por encima del 2% para este año. Dicen que gracias a la competitividad de nuestra economía. No me miren así. No celebren nada. Competitividad quiere decir agarrar contratos indefinidos, con salarios decentes y convertirlos en contratos temporales, a tiempo parcial y con salarios de miseria y supervivencia. Si; guarde la botella de cava para otra ocasión. La noticia es mala. Piense que mientras nuestra economía crezca gracias a la competitividad, usted corre más riesgo de engrosar la lista de los desposeídos, precarios, parciales o sin empleo.

Juan Español, el zampabollos, el consumista compulsivo, el comemierda impenitente, "clasemedio", cenutrio idiotizado y gregario, después de escuchar a los del FMI ve con optimismo el recién estrenado 2015. Juan Español, el desahuciado, el empobrecido, el desempleado, el puteado, el encabronado, se está descojonando de la risa. No es para menos. Aquí los únicos que mantienen su capacidad de demanda de manera algo decente, aparte de los ricos, son los empleados públicos y los funcionarios. Los demás, hemos palmado.

No se si lo que odio más de los voceros económicos del FMI y del gobierno patrio, es su cinismo, su falaz manera de contar las cosas, su crueldad o su aporofobia. Su reino no es de este mundo. El de ellos, y el de los periodistas económicos, que, otros que tal, pues jalean a los primeros. Habitan en otro planeta. Marte. Venus. Jabul...

Esta Navidad pude oír, no sin cierta estupefacción, como dos periodistas, habituales comentaristas económicos en tertulias y periódicos, daban vivas al crecimiento venidero en este 2015, explicando y justificando el magno evento, apoyándose en las cifras de ventas de roscones durante las pasadas fiestas. Parece ser, según la Asociación de Pasteleros de la Villa y Corte, que la venta de este dulce tan típico de la Navidad, ha aumentado un 6% con respecto al año pasado. Así; quién no es optimista.

Ahora ya se por qué nadie vio venir la crisis del 2008. Esa que todavía dura. Estaban contando roscones.

lunes, 19 de enero de 2015

"No; ni soy Charlie Hebdo, ni tengo previsto serlo en los próximos años, gracias".


Para algunos, la libertad de expresión, se circunscribe a mofarse de lo que al vecino le parece sagrado, sin ser reprendido por ello. Es esencial para ellos. Así pues, llaman libertad a mofarse de los creyentes de determinadas religiones. No, no se contentan solo con la crítica, a tal o cual dirigente de tal o cual religión. Tienen que mofarse de ella. Para ello en ocasiones su utiliza la caricatura y la sátira.

Qué dirán ustedes qué es la caricatura y la sátira. Desde luego determinados  dibujos de Mahoma o de Jesús, para nada son caricatura y sátira. Son meros dibujos soeces, procaces, buscan la provocación, el chiste fácil, el insulto y la falta de respeto. Eso no es ni caricatura, ni sátira. La caricatura y la sátira, es decir sin decir, denunciar sin denunciar, es la crítica elegante, sutil, y por qué no, respetuosa. Las caricaturas aparecidas en la revista Charlie Hebdo, no son nada de eso.

Europa. La vieja Europa. Siempre confundiendo la velocidad con el tocino. Equivoca la libertad de culto, con el laicismo, equivoca la libertad de expresión con el insulto. Una vez más.  Algunos repiten hasta la saciedad aquello de que nos ha costado siglos de hogueras, siglos de Inquisición, llegar hasta aquí. Yo digo que las hogueras, la lucha contra la Inquisición, contra la intolerancia religiosa, entre otras razones, sirvió para cada uno rezara a Dios como le diera la gana, sin ser reprendido por ello, no para insultar a Dios, no para mofarse de los que creemos en Dios, no para insultarnos, no para defecar en lo que nosotros creemos sagrado.

Por supuesto, como no podía ser de otra forma, sentimos, lamentamos y condenamos los atentados y las muertes, contra la revista, y sobre todo, contra la vida de los dibujantes y policías muertos. Nunca lo cortés quitó lo valiente.

De todos modos, los amantes de las libertades salidos de las cavernas, tras los atentados contra la revista, tienen ahora tajo. Tras los atentados, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y el Sena por París, los gobernantes han expuesto algunas medidas tendentes precisamente a minar esa misma libertad que muchos, que dicen voz en grito; "Je sui Charlie", dicen defender.

También debemos reseñar la subida de popularidad que de la que goza "Monsieur" Hollande tras los atentados.

¿A qué me recordará todo esto?...


¡Ah!, por cierto, aquí les dejamos muestras de famosas caricaturas. Igual algunos aprenden...












jueves, 15 de enero de 2015

Una pizca de historia: El descanso dominical.


En el año 321 d C, (ya ha llovido) el emperador romano Constantino I promulga una ley que prohíbe el ejercicio en domingo de los actos judiciales, así como el trabajo de artesanos y artistas y todas aquellas tareas del campo que no sean de apremiante necesidad. Por medio de dicha ley, el César pretende facilitar el cumplimiento del descanso dominical, una costumbre cristiana, arraigada ya, pero que muchos fieles no pueden cumplir con el debido rigor por vivir en un ambiente pagano.

Por medio de este decreto, Constantino institucionaliza oficialmente el domingo como día del Señor. A diferencia de los judíos, que consagran el sábado. Ya desde los tiempos apostólicos, los cristianos consideran el domingo su día santo, porque en domingo resucitó Jesús, tal como lo atestiguaban los evangelistas al encabezar el relato de la resurrección con las palabras "el primer día después de el sábado", alocución corriente entre los hebreos para referirse al primer día de la semana. La fiesta semanal de los cristianos se celebra en el, llamado por los romanos, día del sol, denominación que será sustituida por la de domingo. Esta celebración será motivo de controversia por algunas confesiones cristianas, minoritarias, que reclaman la vuelta del día santo al sábado.

Sea como sea, el paganismo parece ser que ha vuelto, a la vista de las aperturas comerciales en domingo, y en fiestas religiosas, a las que tan aficionados se han vuelto algunos. Ya ven que hasta los romanos respetaron el día santo...

domingo, 4 de enero de 2015

¿Feliz año?

Año nuevo. Vida vieja. Noche Vieja. Año nuevo. Feliz 2015. ¡Din, don, din, don!. La única noche del año en la que los españoles nos ponemos de acuerdo para hacer algo juntos: comer uvas al son de las campanadas del reloj al filo de la medianoche. Bien, eso puede decirse que es poca cosa. Cuarenta y tantos millones de individuos, grandes y pequeños, viejos y jóvenes, hombres y mujeres, ricos y pobres, perdiendo el traserillo por acompasar la deglución de uvas al ritmo de las campanadas. Bueno. Por algo se empieza. Aunque la costumbre en si, que data de principios del siglo pasado, y que es lo único que hemos hecho bien en cien años, no sirva absolutamente para nada. Lo de la supuesta suerte que dan las uvas de Nochevieja es mentira. Se lo digo yo.

Así que no voy a caer en la tentación de felicitarles el año. No encuentro motivos para ello. Cuando pase la resaca de estas fiestas, y los operarios de limpieza de sus respectivos ayuntamientos barran los envoltorios de los caramelos tirados al suelo por unos falsos Reyes Magos, se darán ustedes mismos cuenta. Claro, que en un año se les habrá olvidado el asunto y en la Navidad del año próximo volverán a caer en el engaño.

El año promete, de todos modos. En primavera, elecciones autonómicas y locales. En otoño elecciones generales. Podríamos tener también elecciones en Cataluña. El personal está harto, y amenaza con votar a Podemos. No hay fiesta sin pastel, envenenado, en este caso. El viejo y corrupto régimen nacido, o disfrazado, en la Transición, boquea hacia la muerte. España es un país de hondas tradiciones, como atragantarse con unas uvas al son de las campanadas de la medianoche del 31 de diciembre, elegir políticos corruptos e incompetentes o impedir que la voluntad de la mayoría se imponga contra la voluntad de unos pocos oligarcas, podridos de dinero. Gentes que controlan el país sin haber sido designado para ello por nadie.

2015 puede ser muchas cosas, o ninguna. Puede ser un buen año, o un mal año, o el principio de los dolores, o el principio del cambio. Ustedes mismos. Yo de momento decidí no comerme las uvas el 31 de diciembre, a eso de las doce de la noche. El personal que estaba conmigo, se extrañó, y me miraban atónitos mientras perdían el traserillo por no quedarse atrás en la deglución de las uvas al son de las campanadas del reloj de la Puerta del Sol. ¡Din, don, din, don! Alarmados y compungidos me preguntaron el por qué de mi renuncia a tan arraigada y suertuda costumbre. Para no herir la sensibilidad navideño-patriótica de nadie, aduje una indisposición buco-faríngea que me impedía tragar, haciendo imposible la masticación y posterior deglución del fruto de la vid, condenándome a la mala suerte durante el año entrante. Se tragaron, junto con las uvas, el embuste. Me dejaron en paz. Ya veremos como me las arreglo al año que viene para librarme de las doce campanadas y de las uvas. Tengo un año entero para pensármelo. De todos modos, no dejo de pensar que soy afortunado. De haber nacido en Italia, sería un estofado de lentejas, y no uvas, lo que tendría que deglutir. No me dirán que no es una ventaja. Las lentejas, por fuerza tienen que sentar como un tiro a las doce de la noche...