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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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domingo, 15 de marzo de 2015

Escuche Radio Clásica.

No dormía. No comía. No vivía. Me levantaba, y lo primero que hacía era encender la radio. Losantos, Herrera, Expósito, Inda, Margüenda. Por si sólos, individualmente; peligrosos. En conjunto, en dosis excesivas; absolutamente letales.

Observaba que cada vez que los escuchaba, a ellos, y a sus compis de tertulia, sudores fríos recorrían todo mi cuerpo, alternaba estados de euforia con estados de desesperación, y sobre todo; sentía unas ganas locas de votar a Podemos. Ocurría cada vez que encendía el receptor y sintonizaba el porograma matinal de Losantos, el de Herrera, el de Expósito. La ira crecía dentro de mi como crecen los cactus en el desierto, la indignación me desbordaba, la carótida se me hinchaba, y un estado de cabreo presidía todas mis acciones durante el resto de la jornada.

Decidí ir al médico. Creía que lo que me estaba pasando no era normal. Día a día, sus comentarios y sus opiniones absolutamente subjetivas, dirigidas a una masa conformista, ciega, sumisa e idiotizada, me encendían y sus mentiras me molestaban. Y sin embargo no podía parar de oírles. ¿Masoquismo? Puede ser.

El médico, tras escucharme pacientemente, me recomendó Radio Clásica, de Radio Nacional de España. En dosis elevadas. Me empecé a levantar con Bethoveen, comía con Mozart, cenaba con Vivaldi y me acostaba con Bach.

Me ha cambiado la vida. Duermo mucho mejor. Ya no odio a nadie. Mi percepción de la vida, en general, y en particular de la política, ha cambiado. Incluso contemplo la posibilidad de no votar a Podemos y de explorar otras vías.

Algunas de mis amistades, masocas radioaficionados como yo, no se creen mi proeza. Estoy pensando en escribir un libro con mi esperiencia. Un librito Dr auto ayuda, tipo; usted puede de jar de fumar si se lo propone, o algo similar. A buen seguro sería un éxito. Aunque los de Podemos, seguro, no me lo agradecerían. ¿No?

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