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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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martes, 14 de abril de 2015

El alguacil alguacilado.

Erase una vez un país. Un país cualquiera. Obviaremos su nombre. Corrían los años noventa del pasado siglo. El muro había caído. Los partidos adscritos al ala izquierda del panorama político, necesitaban como agua de mayo un clavo ardiendo donde asirse. Se optó por el eco-feminismo. Se optó por la llamada después, ideología de género. La violencia del hombre contra la mujer recibió una nueva denominación. Atrás quedaba lo de crimen pasional. Bienvenida a terrorismo machista, violencia de género, o similares. Los políticos se pusieron manos a la obra. Se empezó a contabilizar el número de mujeres atacadas por sus parejas. Se empezó a movilizar al personal. La llamada violencia de género ocupó páginas y más paginas de la prensa escrita, minutos y más minutos de televisión y de radio. Se creó incluso un observatorio  para la violencia de género.

Subió al poder un partido. Progre. Un ministro de justicia se sacó de la manga una ley por la cual, cualquier denuncia por malos tratos de una mujer, sería seguida e investigada por la policía y los jueces teniendo en cuenta solamente las evidencias, no las pruebas. En todos los casos, para entalegar a cualquier hijo de vecino, el acusador necesitaba demostrar que el acusado era culpable. En caso de violencia de género no. En caso de violencia de género, el acusado tenia que demostrar su inocencia. Inaudito. Los juristas pusieron el susurro en el cielo. Si, si, el susurro. Porque el grito en el cielo no lo puso nadie, más que nada porque no le fueran a llamar machista, o facha, o ambas cosas. Hubo incluso un presidente de comunidad autónoma que propuso hacer públicos los nombres de los presuntos maltratadores. En fin, que la cosa fue utilizada por nuestros queridos y amados políticos para recoger votos, y para tener algo de lo que diferenciarse del contrario.

A nadie le interesó realmente analizar concienzudamente el tema. No fuera a ser que arreglaran la cosa y se les acabara el chollo. Pero un buen día, ocurrió lo inimaginable. El ministro de justicia que sacó aquella ley por la cual cualquier acusado de maltrato, podía ser investigado siguiendo el rastro de las evidencias y no de las pruebas, fue acusado de maltrato. Y se puso en marcha la diabólica maquinaria que él alumbrara un día, ya lejano en el tiempo. Por supuesta que protestó y pataleó, y dijo que todo era mentira, que él era inocente, que estaba siendo víctima de una persecución, etc, etc. Pidió para él lo que él le negó a miles de hombres, muchos de ellos culpables, si, ¿pero cuántos de ellos inocentes?...

Esta es la increíble historia del alguacil alguacilado, o lo que es lo mismo; lo que ocurre cuando se juega con fuego.

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