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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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viernes, 15 de mayo de 2015

La dichosa centralidad.

Hay un nuevo héroe en España: Juan Carlos Monedero. No se me asombren. Aquí el que dice, "pues a hacer puñetas, estoy harto, me voy", sin más, es un héroe. Y si encima tiene la osadía de hacer autocrítica y lanzar sus verdades al viento, mejor. Monedero se fue. Era un tipo incomodo. Le perseguía hacienda, por cierto, por nada ilegal. Le perseguía el sindicato del crimen periodístico que domina el panorama en este país. Pero para quien verdaderamente era incomodo, parece ser, era para su propio partido.

Podemos ha decidido centrarse. Ya hemos dicho aquí en ocasiones anteriores que Podemos no es nada todavía, y si es algo, es simplemente 6 europarlamentarios y una serie de encuestas, encuestas que los encumbraba hace un año a disputar la poltrona de la Moncloa a don Rajoy, y varias presidencias y alcaldías a sus actuales moradores, caídos en desgracia gracias a la crisis y a la corrupción. Esas encuestas, en parte debido a aquello tan sabio que decía el refrán que quien mucho habla mucho yerra, y en parte debido a la actuación del sindicato del crimen periodístico, fueron de más a menos. Semana a semana, mes a mes, Podemos fue cayendo lentamente, mientras, ¡oh milagro!, Ciudadanos iba subiendo. Así pues, alguien, no sabemos quién, decidió que era llegada la hora de centrar el partido. Podemos ya no era de izquierdas. De derechas tampoco. ¿Republicana quizá? Nada. No sabemos. Lo que estaba claro era que teníamos un producto y que teníamos que venderlo, por otro lado como los partidos de la casta, y no podíamos decir a las claras que éramos. A tomar viento el 15M y su ideario de que no nos representa nadie, solo nosotros mismos.

Una vez más la dirección decide que hay que centrar la cosa, comulgar con ruedas de molino y adoptar la posición que tuvieron durante mucho tiempo infinidad de parlamentarios críticos del SOE, que estuvieron años y años, sentados en el parlamento, con el kit del parlamentario crítico a su lado, un maletín que constaba en su interior de unas pinzas para la nariz, unos antifaces ciegos para los ojos y unos tapones para los oídos, a fin de no oir, ni ver, ni oler como su partido traicionaba a sus electores. Eso si, una vez dejado el escaño y asegurada la pensión vitalicia, perdían el traserillo por ir a la primera tertulia radiofónica que se encontraran y confesar sus pecados, consistentes, en su mayor parte, en haber estado años y años, votando con la nariz tapada, eso si, sin que por ello se les cayera la cara de vergüenza. ¿Verdad, Joaquín?. ¿Verdad Alfonso? ¿Verdad...

Me gusta la gente que es como Monedero, no les voy a engañar. Estos son mis principios, le gusten o no, y no aquello que decía el genial Groucho Marx: estos son mis principios, si no le gustan tengo otros...

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