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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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lunes, 18 de mayo de 2015

¿Somos cien por cien Europa?

Nadie lo pone encima de la mesa, nadie lo dice, todos lo callan, incluso los regeneradores. Es el tema Europa al que me refiero. Ayer noche, durante una de esas tertulias de la tele, esas que me gustan tanto, hubo un periodista que lo recordó, nadie pone encima de la mesa a día de hoy la conveniencia del euro, o no. Varoufakis, el mediático ministro griego de finanzas, lo dijo el otro día; "ojalá tuviéramos ahora mismo el dracma".

Lo digo y lo repito, y lo diré y lo repetiré siempre que pueda. No somos Europa, por lo menos no al cien por cien. Eso que dicen del occidentalismo y de la cultura judeocristiana está muy bien para soltarlo en una conferencia en el paraninfo de una universidad de campanillas, pero en la práctica tiene poca sustancia.
Somos diferentes unos europeos de otros. Si, todos somos cristianos, pero cada uno con una ininterpretación diferente de la religión, de la economía, de la vida.  Ellos, los del norte, son en su mayoría protestantes, han interpretado su relación con Dios de manera mas directa, con menos intermediarios, asi cono su manera de relacionarse entre ellos mismos. Ya no mencionamos a los del este, casi todos ortodoxos, una versión oriental y nacionalista del catolicismo romano.

Geográficamente hablando, nosotros, los del sur, habitamos en penínsulas, bañadas por las cálidas aguas mediterráneas. Hacemos frontera con el Tercer Mundo, con África, con el Islam, con estados fallidos. Somos el resultado de siglos y siglos haciendo esa frontera, tejiendo esa frontera, sufriendo esa frontera, siendo invadidos, recuperando terreno. Un buen día, esta pequeña península se nos hizo más pequeña aún y decidimos ampliar nuestras miras. Hicimos lo que cualquier país opuesto al continente con barreras casi infranqueables hubiera hecho, navegar. Al tiempo, lo hicieron también los hermanos portugueses, los británicos, los holandeses. A ninguno nos quedó nunca más remedio que hacerlo. En eso nos diferenciamos de nuestros primos sureños y mediterráneos, griegos e italianos, nosotros estamos abiertos al Atlántico.

Las aventuras europeas nunca nos salieron bien. No tenemos sus defectos, y por tanto, tampoco sus virtudes. Nosotros votamos a políticos corruptos. Es un defecto del que esos nórdicos protestantes no gozan. Sentimos  que si un político no es corrupto es que es tonto. Votamos a políticos corruptos porque nosotros también lo somos. Nos sentimos identificados antes con Calígula que con el honrado Cláudio.

No. No somos Europa. Al menos cien por cien. Podemos llegar muy lejos tratando de reconocernos a nosotros mismos, tratando de regenerarnos, tratando de renovarnos. No en vano, eso es muy católico: pecar, hacer examen de conciencia, confesar los pecados, hacer propósito de enmienda y...¿volver a caer? Puede ser. Porque llevar una vida recta y sin tacha, una vida protestante, debe de ser muy aburrido.

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