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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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miércoles, 9 de septiembre de 2015

En el fondo no es más que simple y llano...

...clasismo, snobismo, complejo de superioridad, racismo; por qué no llamarlo así. En el fondo es eso. Algunos, no han estado nunca conformes con su estatuto de autonomía; un estatuto que para sí lo quisieran muchos; los escoceses, los quebequeses, los corsos. Ya quisieran ellos, que digo uno igual, la mitad. Lo de reconocer la lengua vernácula, la cual, en muchos casos, era hablada por un triste 20% de la población tampoco les bastó. Nada basta al nacionalismo, sobre todo si sufre de complejo de superioridad. Sobre todo si considera a los habitantes del estado en el que ha estuvo incluido todos estos años, como un atajo de piojosos, cortijeros analfabetos, una raza malévola e inferior, sarracenos que han ensuciado su preciosa tierra durante años, que les roban, que les subyuga, que ataca las esencias de su preciosa cultura, de su exclusiva raza.

Sí, en el fondo no es más que eso. Y este proceso de independencia es la guinda, la culminación de todo ese pastel que nos hemos tragado el resto del imperio durante todos estos años, en los que se ha fraguado la gran mentira, la gran infamia.

Durante años, durante los años de plomo de la dictadura, el norte, Cataluña y País Vasco sobre todo, fue generosamente tratado por el grosero y casposo gobierno centralista de Franco. El general gobernaba, pero quien mandaba en el cortijo, realmente, eran siempre los mismos: una suerte de casta, digámoslo así, financiera e industrial, que paseaba y lucía palmito por Pedralbes, o por Neguri, y que tenía la sartén por el mango, y al general, y al régimen del general, cogidos por los huevos. No, el gobierno franquista no mandó hordas de extremeños, andaluces, manchegos, castellanos, gallegos, a Cataluña y País Vasco, para castellanizarlos. Para nada. Se mandaban porque el gobierno de su excelencia no invertía un ochavo en los terruños de procedencia de aquellos emigrantes, y los tenía sumidos en la más absoluta miseria, así que estos iban, ¿y dónde iban a ir sino aquellos desgraciados y desgraciadas, más que a dejarse los lomos como mano de obre barata a los polos industriales que rodeaban Bilbao, Barcelona o Madrid? Trabajaron de peones, de camareros, de chachas. Vivieron en los desarrollos urbanísticos de las grandes ciudades, de los años sesenta y setenta. Muchos de sus hijos cayeron víctimas de la marginalidad y de la droga en los ochenta, otros consiguieron realizar el sueño de sus progenitores, y se apartaron del pico y la pala de sus mayores, estudiaron y prosperaron, pero nadie les regaló nada.

Fueron retratados en el cine y la literatura de la época. La chacha, el gañán, el chuloputas, el quinqui navajero, la puta, eran de procedencia sureña, de Cáceres, de Badajoz, de Almería, de Jaen, de Ciudad Real, nunca eran de Gerona, o de San Sebastián. El noble, el banquero, el industrial, añadía siempre un apellido euscaldún, o catalán, a ese Pérez o ese López castellano que manchaba su expediente. Siempre había un Arregui, un Aguirre, un Berriortúa que añadir a ese castellanazgo, a ese López, a ese Martínez, a ese Gómez, que tan sosos y tan simples quedaban yendo solos.

En los ochenta, lo primero que hicieron, al albur de las autonomías, que tan generosamente les daban los demócratas de toda la vida, que olían a kilómetros a régimen anterior, fue crear su propia policía. El nacionalismo esnob y racistano podía tolerar que aquellos guardia civiles, que olían todavía a gazpacho y a cortijo, controlaran su seguridad, la de las nuevas naciones que empezaban a gestarse. El único trocito de Europa en esta parte de África.

En fin. No voy a cansarles más. No voy a hablar más del proceso, por lo menos, no directamente. Porque ya estoy un poco harto. Todos los días venga, y dale, y vuelve a darle. Si, lo sé. Esto no acabará nada bien. Pero es lo que hemos buscado, con denuedo. Todo lo que se busca con denuedo al final se encuentra. Sí, Cataluña al final será independiente. Ya lo verán. Salga lo que salga, los mismos ganarán. Pero no se preocupen, no se acabará ahí la cosa. Luego se unirán a ellos Valencia y Baleares. No se derramará sangre, al menos de momento. No se apuren. Somos gente de paz. La Península Ibérica volverá a estar formada por cuatro mini estados sin importancia. Y luego; luego Dios dirá. Pero ustedes tranquilo, es el precio a pagar por formar parte de la nueva y gran Europa...

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