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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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martes, 2 de agosto de 2016

El Siglo de las Luces. Alejo Carpentier.


"¡Estos franchutes me tienen harto! gritó el español, dejándose caer en el camastro de Esteban-. ¡Más que harto! ¡vayan todos al carajo!" Se cerró el rostro con las manos, permaneciendo en silencio durante largo rato. El joven le tendió un cuenco de vino, que el otro apuro de un tirón, pidiendo más. Luego empezó a andar de pared a pared, hablando atropelladamente de lo que había encendido su colera. Acababa de ser privado de su mando militar, destituído -Des-ti-tui-do- por un cualquier comisario vestido de París, despachado con poderes ilimitados para reorganizar las tropas en este sector. Su desgracia era efecto de una corriente antiextranjera, desatada en París, y que ya alcanzaba esta frontera: "Después de desacreditar a los masones, se están ensañando con los mejores amigos de la Revolución". se decía que el Abate Marchena, oculto y perseguido, podía ser guillotinado de un momento a otro: "Un hombre que tanto hizo por la libertad" Ahora los franceses se habían adueñado del comité de Bayona, eliminando a los españoles -ese por moderado, aquel por haber sido masón, el otro por sospechoso-. "Ándese con cuidado amigo, que usted también es extranjero. De unos meses para acá ser extranjero, en Francia, es un delito" Y proseguía Martínez de Ballesteros su descompasado monólogo: "Mientras en París se entretenían disfrazando putas de Diosa Razón, perdían acá, por su incapacidad, por sus envidias, la gran oportunidad de llevar la Revolución a España. Ahora, que esperen sentados... Además: ¡malditas las ganas que tienen ya de hacer una revolución universal! No piensan sino en la Revolución Francesa. Y los otros... ¡que se pudran! Todo, aquí, se está volviendo un contrasentido. Nos hacen traducir al español una declaración de los Derechos del Hombre, de cuyos diecisiete principios violan doce cada día. Tomaron la Bastilla para libertar a cuatro falsarios, dos locos y un maricón, pero crearon el presidio de Cayena, que es mucho peor que cualquiera Bastilla..." Esteban, temiendo que un vecino pudiera oirlo, invocó el pretexto de tener que comprar papel de escribir para sacar el desaforado a la calle. Pasando frente a la antigua Casa de Haraneder fueron a la Librairie de la Trinité, que ahora se llamaba "de la Fraternité", por oportuna reforma de rótulo. Era una tienda mal alumbrada, de bajo puntal, de cuyas vigas colgaba un quinqué encendido a medias.

El Siglo de las Luces. Alejo Carpentier. Ed. Seix Barral. 1964.

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