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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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viernes, 5 de agosto de 2016

Tontilandia Show: La dictadura del "perrotariado".


Salgo a la calle al mismo tiempo que la vecina del sexto y su perro. El animalito ha debido comer fabada, y defeca, y no echa una plasta dura y fibrosa, echa aguachirri amarronado y mal oliente, tipo chocolate a la española. Por supuesto, la chica pasa de coger tan repugnante artefacto dejado por su can. Se lo recrimino. Ella pasa. La plasta se queda en la acera a la espera de ser pisada por algún anciano, por algún niño, por algún cazador de Pokemons, por algún despistado, en definitiva.

Antes teníamos el Metro. Allí no llegaban los talibanes dueños de canes, sin bozal dispuestos a chupetearte los zapatos, después de haber saludado a otros canes metiendo sus graciosos hociquillos en el culo de sus congéneres. Los cánidos se reconocen así, oliéndose el culo. Tú, movías el pie, de manera disuasoria, hacia adelante y hacia atrás y el animalito desistía de su chupeteo, echando su cabeza para atrás. El talibán que te veía, empezaba a soltarte el discursito de marras, de que son mejores que algunas personas, de que si soy un intolerante, de que si tralarí, de que si tralará. Entonces tenias el trnsporte publico como lugar libre de "perrotariado". Pero eso era antes. Hoy ya pueden entrar en el Metro. Se supone que con correa y bozal y en el último vagón. Ya he visto algunos saltarse la norma, ir donde le sale de los pelendengues al amable dueño, sin correa ni bozal, ¡tssssss!, y calladito que te lo chuto.

Hoy, aquí, en Madrid, en la Villa y Corte, pueden entrar al cine, con sus dueños. Si, al cine. Como tofos ustedes saben, y si no lo saben, ya se lo digo yo, los perros son grandes cinéfilos. Me preguntó que dirá el personal melómano cuando a alguien se le ocurra la feliz idea de dejarlos entrar en el Real, para que puedan disfrutar del bel canto, o en el Español, para disfrutar de una buena obra de teatro.

En fin. Para que seguir. Es la nueva revolución. La dictadura del "perrotariado". Cuando hay locales de hostelería que se anuncian como libre de niños, en los que se prohíbe la entrada a menores de quince años, y otros que se declaran amigos de tus mascotas, en los cuales se permiten la entrada de animales, básicamente perros y gatos, es que algo falla en esta sociedad. Lo estamos petando. "La gilipollicracia" al poder

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