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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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sábado, 29 de octubre de 2016

La torre herida por el rayo.

El Grupo Dimitrov para sus locales disponía de un elegante chalé en las afueras de Fontenay aux Roses. El amplio salón de la planta baja estaba habilitado, para los trabajos teóricos del grupo, en clase presidida por dos retratos. El de la derecha, Amary, aunque no era nada ducho en temas políticos, lo reconoció en seguida. José Stalin. La foto de la izquierda no la logró identificar: el personaje también con bigotes, parecía, si se le miraba con misericordia, un gerente de una empresa tenebrosa de Sicilia e inspiraba la misma confianza que un vendedor de coches de segunda mano. Los militantes, jóvenes en su mayoría, entre los que reconoció a varios investigadores del centro, estaban sentados en pupitres en actitud de alumnos del siglo pasado. Corneille disponía de una mesa izada en una tarima, bajo las dos fotografías, frente a sus reclutas.
Lo que más sorprendió a Amary fue el atuendo de todos: alpargatas de esparto y tela negra, pantalón de algodón azul oscuro y sahariana "mao" del mismo color abotonada hasta el cuello si no se miraban las cabezas, el recién llegado podía tener la impresión de encontrarse en plena Mongolia Interior. Todos lucían una chapa roja con estrellas amarillas a la altura del corazón, tan rutilante que, por un momento. Amary se imaginó que era un enorme rubí con luceros de oro incrustados. En realidad era un emblema comunista. Corneille tenía dos.
Una vez encajonados Michelle y Amary en el único pupitre disponible de la ultima fila, Corneille anunció a su gente a quien había invitado "en calidad de observadores y testigos". "La obrera Michelle Dubin y el trabajador intelectual Marc Amary" Luego como si no existieran, informo a todos de las ultimas actividades del grupo. con sirenas de barco portátiles y polvos de pica-pica, habían logrado "boicotear" una reunión revisionista organizada por los agentes del socio-imperialismo en defensa de Nicaragua. También habían conseguido, gracias a la estrategia programada de "entrismo" (Amary comprendió que querían hablar de infiltración), introducirse en el Sindicato del Libro de Seine-Saint Denis a fin de desmantelarlo. La ficción de Corneille mientras narraba estas hazañas hubiera parecido a un espectador frívolo, rayana en el orgasmo. En realidad, Corneille sabia retenerse y ni siquiera se corría de gusto cuando citaba, llenándole la boca de arrobo, la flor y nata de su maestro Stalin o las sentencias del camarada Enver Hoxha. El florilegio de estos dos próceres es tan variado y pertinente y sobre todo para beber en buenas fuentes. Gracias a su perspicacia, Michelle Dubin comprendió que el flamenco galán que competía con Stalin la pared presindencial no era otro que el camarada Henver Hoxha: secretario general del Partido comunista albanés y humanista que sacrifica por su pueblo desde 1945 asumiendo la carga de Jefe del Estado. Corneille tanía por este maestro una admiración sin limites. Para ser exactos, con las fronteras que traía el marxismo científico.
Amary iba asimilando la lección que con tanto garbo se le iba administrando. Corneille le revelaba las bases ideológicas de la revolución proletaria antes de abordar el tema de las empleadas de la limpieza. la tarea era exaltante... Pero tan ardua: no solo había que destruir el imperialismo y aunque y sus tigres de papel de las multinacionales, sino que también había que aniquilar a los socio-fascistas de Moscú y sus mercenarios cubanos y vietnamitas. Los camaradas bebían las palabras de su rector con admirable atención, por no decir devoción.
En aquella época, para amary, el matemático mas renovador era (con Thom) Bouteville... el cual con los ojos abiertos como platos perdia ripio de la arenga...
...-Camarada Dubin, expón tu caso.
Michelle contó como lo había hecho en presencia de Amary la tremenda injusticia que sufrían las limpiadoras interinas. Logro expresarse con una emoción tan sentida que unas lágrimas, esta, vez aparecieron en sus ojos. Corneille la escuchó resoplando como una locomotora cuesta arriba, con la cabeza gacha entre sus manos, hasta que inesperadamente la interrumpió.
-¿Quieres ganar cero, como, cero, cero, cero, cero cinco céntimos más por hora?
-No son cero, coma, cero, cero, cero, cero, cero cinco céntimos mas por hora sino cuatro francos cincuenta.. . y el derecho al retiro, al seguro social...
Corneille se levantó hecho un basilisco, babeado de furor, con un dedo acusador, a unos centímetros del pecho Michelle, le aulló.
-Tan solo eres una víbora infecta al servicio del capitalismo asesino.
(...)

-Traicionas a tu clase. Te prostituyes por un miserable aumento de la calderilla de tu paga. En vez de hacer la revolución como es tu imperioso deber de proletaria, entras en las letrinas de las reivindicaciones mezquinas. ¡Basta!, sepulcro blanqueado al servicio de los grandes monopolios. Babosa cínica que quería engañar al grupo Dimitrov. ¿Quién te envía? ¿Que policía burguesa se esconde detrás de tu melodrama bien aprendido? ¡Hiena y perjura, maquiavelico cuervo capaz de todas las cobardias y vilezas! ¿Parásita de la clase obrera...!
El destino tambien dispone de vías impenetrables. Estos maitines condujeron a Amary al "ingreso en la politica" como otros, mudando de estado, toman el hábito religioso. Michelle, aureolada de su prestigio de "disidenta" del grupo Dimitrov (formación que figuraba en primera linea de la lista negra de los sindicatos...como y en la que había permanecido un par de horas) entró, y por la puerta grande, en su sección sindical, consiguiendo con ello la "calderilla" que necisitaba para cenar con sus niñas todas las noches.






La torre herida por el rayo. Fernando Arrabal. 1983. Ediciones Destino.

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